En 2013, mientras la mayoría discutía la última pastilla para el colesterol, la American Heart Association publicó en su revista insignia, Circulation, un documento extraño para la cardiología: una Declaración Científica formal titulada «Tenencia de Mascotas y Riesgo Cardiovascular».
La AHA no escribe declaraciones científicas a la ligera. Son el mismo cuerpo que recomienda estatinas, betabloqueadores, e intervenciones quirúrgicas. Para que algo entre en una Scientific Statement, debe haber décadas de evidencia consistente.
El panel, liderado por Glenn Levine de Baylor College of Medicine, revisó toda la literatura disponible hasta ese momento. La conclusión, redactada con el cuidado clínico habitual: «La tenencia de mascotas, particularmente de perros, está probablemente asociada con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular».
La AHA no escribe declaraciones científicas a la ligera. Son el mismo cuerpo que recomienda estatinas.
«Probablemente» es la palabra más fuerte que la AHA usa cuando no hay un ensayo clínico aleatorizado. Para una intervención conductual, es lo más cerca que se puede llegar de una recomendación formal.
En la práctica clínica, sin embargo, esta evidencia no llegó al consultorio. Hace una década que existe en los papers oficiales. Tu cardiólogo nunca te lo va a recetar — no por mala intención, sino porque los códigos de reembolso no contemplan «adoptar».
Pero el documento existe. Está publicado. Y dice, en lenguaje técnico, lo que cualquier adoptante intuía hace tiempo: tener un perro hace bien al corazón.
A veces la mejor receta no la firma un médico. La firma una asociación civil de Monterrey, en una hoja de adopción.
Levine GN, Allen K, Braun LT, et al. Pet Ownership and Cardiovascular Risk: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation, 2013;127:2353–2363.


