La generación de tus papás creía que tener perro era malo para los niños alérgicos. La ciencia descubrió lo contrario, y la cifra es más grande de lo que parece.

En 2015, Tove Fall y un equipo del Karolinska Institutet publicaron en JAMA Pediatrics una cohorte de más de un millón de niños suecos. Cruzaron sus registros de salud con datos nacionales de tenencia de mascotas, y siguieron a cada niño hasta los seis años para detectar diagnóstico de asma.

Resultado principal: los niños que tuvieron contacto con un perro durante su primer año de vida tuvieron 13 % menos riesgo de desarrollar asma en edad escolar. En niños criados en granjas — con exposición aún más rica — la reducción fue del 31 %.

Lo que nuestros abuelos llamaron «criar a un niño con tierra», la inmunología moderna lo llama exposición microbiana temprana.

Esto no es coincidencia. Es la hipótesis de la higiene, formulada inicialmente en los años ochenta y validada repetidas veces desde entonces. El sistema inmunológico de un niño necesita encontrarse con microbios diversos durante sus primeros meses para aprender a no sobre-reaccionar a estímulos inofensivos — polen, polvo, alimentos.

Un perro trae el mundo exterior al hogar: tierra, esporas, bacterias inofensivas que pasean en sus patas. Para un sistema inmunológico naciente, eso es entrenamiento de campo.

Lo que nuestros abuelos llamaron «criar a un niño con tierra», la inmunología moderna lo llama exposición microbiana temprana. Y ahora tiene cifras.

Si estás esperando un hijo y dudas si adoptar — esta es la respuesta científica. No solo no es un problema. Es una vacuna conductual.

Fuente

Fall T, Lundholm C, Örtqvist AK, et al. Early Exposure to Dogs and Farm Animals and the Risk of Childhood Asthma. JAMA Pediatrics, 2015;169(11):e153219.